Gerónimo Gutiérrez Fernández, el
designado embajador de México en Estados Unidos, reconoció ayer ante senadores
del PRD lo que integrantes del gabinete presidencial no se han atrevido: que la
relación entre ambos países se encuentra hoy en un punto crítico, con el riesgo
de un posible “descarrilamiento mayúsculo”, que es lo que hoy por hoy se
percibe.
Y es que hasta ahora, refugiándose
en el lenguaje diplomático de “amistad, respeto mutuo y dignidad” para eludir
las merecidas respuestas a la diaria embestida verbal de quien, como el
magnate-presidente de Estados Unidos, desconoce las más elementales reglas de
la diplomacia, por su proclividad a las críticas y ataques a México.
Ayer, por ejemplo, al arremeter de
nuevo contra los medios de comunicación estadounidenses a los que acusó de
deshonestidad por distorsionar los hechos, así como a los filtradores de las
conversaciones telefónicas que ha sostenido con otros presidentes, entre ellos
el de México, Enrique Peña Nieto.
Comentó en su diaria conferencia de
prensa en la Casa Blanca, que no le preocupó que se revelara el contenido de lo
que hablaron “porque no era tan importante”, y volvió a definir al mandatario
mexicano, como lo ha hecho en anteriores ocasiones: que es “un gran hombre”.
Con ese “no importante”, Trump
pretendió minimizar su amenaza u “ofrecimiento” de enviar tropas estadounidense
para combatir “y acabar” con los narcotraficantes, a los que llama “bad
hombres”, de acuerdo a las filtraciones, mismas que pidió que sean investigadas
para ponerles fin y evitar que cuando trate asuntos “más importantes, temas
clasificados, todo mundo se entere”.
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