Alejandro Páez Varela.
El escenario está casi puesto. Será una lucha de tres. Van
por una gran, gran presea al final de una caminata llena de abrojos y espinas.
Se sabe que van por el gobierno del Estado de México, pero en realidad van por
más: podrán encarrilar a sus partidos rumbo a la gran contienda de 2018.
Es una elección algo extraña. Por un lado está Alfredo del
Mazo, golden boy, heredero de la tradición priísta y cachorro en el nido de los
lobos. Por el otro lado queda Josefina Vázquez Mota, ex candidata presidencial,
la mujer que retó al entonces Presidente Felipe Calderón pero también la que
llevó al tercer lugar a su partido. Y luego está Delfina Gómez por Morena, ex
Presidenta municipal de Texcoco, ex Diputada federal y maestra, relativamente
nueva en la escena pero con Andrés Manuel López Obrador en la cabecera.
Pero a diferencia de Del Mazo y de Josefina, Delfina sí hallará en su padrino un
respaldo que le da posibilidades de ganar. Peña Nieto está en el fondo de las
encuestas, mientras que el joven Ricardo Anaya no es una figura prominente
aunque lleve su propia ruta hacia 2018.
Visto en frío, se trata de una elección reñida con un
equilibrio más o menos perfecto. Lo que a uno le falta, lo tienen los otros. El
PAN, por ejemplo: acaba de ganar, en 2015, la gubernatura de Veracruz,
Tamaulipas y Chihuahua; es decir, trae buena racha. El PRI, por su parte, tiene
una estructura de 90 años en esa entidad, lo que compensa la debilidad de una
administración federal con un terrible desempeño y sacudida por escándalos de
corrupción. Por su parte, Morena tiene a su favor que se trata de un proceso
electoral muy cercano, incluso integrado al que parece que se convertirá en su
nuevo bastión: la Ciudad de México; y a Andrés Manuel, puntero en las encuestas
presidenciales.
El proceso podría ir sobre los rieles de una contienda
democrática, a no ser por un factor: el
PRI. El Estado de México es el último refugio del priismo que ha demostrado ser
el más oscuro, el más mañoso. Se trata del PRI que no se va a tentar para
disponer de recursos públicos, que va a repartir favores y dinero a raudales
porque sabe que si pierde ahí no volverá a ver la Presidencia de la República
en muchos años más.
Durante los últimos
meses, las secretarías federales que tienen más contacto con la gente, como
Desarrollo Social, han estado operando ahí; el Secretario Luis Enrique Miranda
Nava ha realizado más visitas al Edomex que a ningún otro estado, y la
oposición cree que se prepara una gran mañosada, una inyección ilegal de
recursos para posicionar a Alfredo del Mazo.
De esas cosas saben
Josefina, López Obrador y la misma Delfina. Saben que el PRI recurrirá a todos
los recursos, legales e ilegales, para dejar al cachorro Del Mazo en la
gubernatura. Lástima que una alianza para cuidar el voto y para vigilar los
recursos públicos no es posible entre PAN y Morena, porque mucho ayudaría que
juntos le pusieran bozal a los lobos y los encerraran en sus jaulas para que
todos vayan en condiciones de igualdad.
El PRI va a patalear
porque sabe que la derrota en el Edomex será el último clavo en el ataúd
político de Enrique Peña Nieto.
Pues bien, alguien entre los lectores se preguntará, en este
momento, qué del PRD. Lo mismo me pregunto yo, lo mismo nos preguntamos muchos.
Al interior se barajan nombres, la mayoría desconocidos en la escena nacional,
para asumir la candidatura a Gobernador. Pero el PRD parece, básicamente,
perdido. Una cortina extraña nubla a ese partido.
A menos de que se estén guardando la sorpresa y Cuauhtémoc
Cárdenas sea su candidato (bromeo, por supuesto) o Alejandro Encinas (a estas
alturas también es una broma pesada), no
se ve claro a qué está jugando el PRD en Edomex. Primero, no ir con el PAN; y
ahora quedarse en el limbo.
El Edomex como se sabe, es la antesala de 2018. ¿Será que el
PRD nos está adelantando cómo jugará las presidenciales? ¿O nos va a dejar
boquiabiertos con su candidato (bromeo)? ¿De plano estamos asistiendo a sus
funerales?
¿A qué juega el PRD?
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