Georgina
Morett.
En el
discurso de los 100 días del presidente Andrés Manuel López Obrador se repitió
en 17 ocasiones la palabra corrupción; sin embargo, no ha quedado claro cómo se
va a luchar para exterminarla.
Su plan
económico, dijo, consiste en “acabar con la corrupción, con los privilegios, y
liberar de esta forma fondos para el desarrollo”. Aseguró que precisamente esta
política le dará 700 mil millones de pesos, que se utilizarán en lo que se
necesite.
También nos
enteramos que cada tres meses habrá un informe a la población, que se sumará a
las mañaneras para hablar de los avances del gobierno, y nos dejó muy claro que
no hay ni asomo de recesión y que habrá un crecimiento promedio anual del 4 por
ciento.
Una vez más,
al poner a la corrupción en el centro del crecimiento económico, aseguró que
este periodo de 100 días le confirmó que si se acaba con este flagelo y se
gobierna con autoridad se puede obtener más “crecimiento económico, desarrollo,
bienestar y se adquiere mayor autoridad política y moral”.
El combate a
la corrupción también le permitirá un incremento en los ingresos de Pemex y de
CFE, además de que provocará que la inversión productiva se aplique pronto y
con eficiencia para promover el desarrollo y la inversión pública, que se
convertirá en capital semilla para atraer a la inversión privada nacional y
extranjera.
Convencido
de su decisión de cancelar el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México
en Texcoco, el Presidente de la República puso también a la corrupción en medio
de esta problemática, y señaló que el aeropuerto de Santa Lucía tiene varias
ventajas: que se va a hacer en menos tiempo, sólo tres años con una solución de
largo plazo; de mejor calidad; sin corrupción, y con un ahorro de más de cien
mil millones de pesos, quizá porque no se tomaron en cuenta los costos de
cancelar el aeropuerto en Texcoco.
La
corrupción también es la culpable del proceso de desmantelamiento y pillaje en
el sector energético, por lo que el Presidente reafirmó su propósito de
rescatar a las industrias petrolera y eléctrica de la nación.
Y para
demostrar el desastre, explicó que a cuatro años de la aprobación de la reforma
energética se redujo la inversión pública y privada; se produce menos petróleo
crudo, gasolinas, productos petroquímicos y electricidad; aumentaron los
precios de los combustibles; disminuyeron los ingresos de la hacienda pública,
y los contratos que firmaron funcionarios públicos con particulares y las
operaciones fraudulentas realizadas con empresarios e inversionistas vinculados
a los gobiernos anteriores, incrementaron la deuda tanto de Pemex como de la
Comisión Federal de Electricidad.
Aseguró que
ya se detuvo la corrupción tolerada en estas dos empresas y que gracias a ello
y a la austeridad en el gobierno se invierte más para la producción de
petróleo, para la refinación y la generación de energía eléctrica; obviamente
no se refirió a las calificadoras, que criticaron sus medidas de apoyo a Pemex.
También a la
corrupción se debe la decisión de que los programas sociales se entregarán
directamente a los beneficiarios, y que ya no habrá intermediarios para evitar
los moches o piquetes de ojos.
Es perfecto
mantener a la corrupción como centro del discurso de estos 100 días de
gobierno, las principales dudas que nos quedan son: ¿cómo se lleva a cabo este
combate que ha permitido tantos avances, y si habrá sanciones contra quienes
han realizado este tipo de acciones?
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