Por
Cuauhtémoc Cárdenas.
Recuperar Petróleos Mexicanos y
recuperar el crecimiento de nuestra economía tienen, como condición ineludible,
poner en marcha una nueva política petrolera.
Desde hace varios
años comenzó la declinación de la producción, la que se ha venido acelerando.
De 3.4 millones de barriles diarios que se obtenían en 2003-2004, la producción
ha caído a los 1.6 millones de barriles que se están obteniendo actualmente y,
hasta el momento, no hay visos de que esa caída se esté frenando. Por otra
parte, en el sexenio anterior, casi duplicó la deuda de Pemex, la que hoy se
estima en 104 mil millones de dólares. Además, en los últimos cuatro años la
petrolera ha acumulado una pérdida de 16 millones de dólares. Es esta la condición en la que la
administración federal pasada dejó a esta industria vital para la hacienda y
para la economía en general.
La declinación de la producción ha
representado, entre otras cuestiones, una baja en la contribución de Pemex al fisco.
Esta aportación en 2018 ascendió a poco menos de un billón de pesos (48 mil
millones de dólares), alrededor del 20% del total, cuando llegó a ubicarse en
el orden del 40%. La exportación ha ido también a la baja: Pemex vende al
exterior 1.1 millones de barriles al día, cuando llegó a exportar tres veces
más. La refinación no anda mejor: en 2012 las refinerías del país produjeron
1.2 millones de barriles diarios; en 2018 sólo aportaron 615 mil barriles al
día; lo que creció substancialmente es la importación de combustibles, que pasó
de 600 mil a 1 millón de barriles diarios, situándose en el orden de las tres
cuartas partes del consumo nacional. El precio de la gasolina magna, la de
consumo más alto, subió en esos seis años de $10.79 por litro a $19.62, esto
es, 81%.
La situación
complicada de Pemex no pasó desapercibida para las firmas calificadoras, a las
que en la economía mundial se reconoce para que los fondos de inversión puedan
o no invertir en una empresa o incluso en un país determinado. Así, Standard
& Poor’s considera, después de una baja de calificación en 2013, que
actualmente Pemex y el país se califican en una perspectiva estable (BBB+),
aunque este recién pasado 1º de marzo ha anunciado que la calificación podría
pasar a negativa; Moody’s, a partir de 2015 considera a la economía del país
como negativa (grado de inversión A3), a Pemex lo califica aun más bajo (Baa3),
debido a que se ha dado una disminución en la recaudación que aporta (1500
millones de pesos anuales) y a que Pemex se ha visto obligado a financiar sus
actividades con deuda; y Fitch, que desde 2013 cambió la calificación de México
y de Pemex de estable a negativa (BBB+), en enero de este año redujo en dos
escalones su calificación (apenas un escalón –notch en inglés- por arriba para
no perder el grado de inversión) por el deterioro del perfil crediticio de la
empresa debido a un flujo de efectivo negativo persistente y a una falta de
inversión; Fitch, además, el 15 de febrero, hizo público que consideraba
insuficiente el plan de rescate financiero para Pemex dado a conocer por las
autoridades. Cabe recordar que si las tres calificadoras bajan a negativa,
automáticamente la entidad así calificada pierde el grado de inversión.
Volviendo al
inicio de estas notas, es urgente un cambio
en la política petrolera. Un primer paso, indispensable, es conceder, de manera
efectiva, autonomía de gestión y presupuestal a Petróleos Mexicanos. Pemex no
debe seguir formando parte de los presupuestos de ingresos y egresos federales
y no debe, por lo tanto, ser la Secretaría de Hacienda y Crédito Público la
que, en la práctica, tome las principales decisiones del organismo petrolero
del Estado. Sólo con autonomía Pemex podrá disponer de los niveles de inversión
y gasto para desarrollar los recursos petroleros que el Estado le asigne.
Prioritario en este momento es frenar
la caída de la producción y volver a una tendencia de crecimiento que se
sostenga en el largo plazo. Ahora bien, independientemente de lo que hayan
manifestado o manifiesten las calificadoras, no se prevé aumento en la
producción durante el presente 2019. Se hacen necesarios de 12 a 17 mil
millones de dólares por año solamente para substituir reservas. Una inversión
mayor sería necesaria para elevar substancialmente la producción. Se estima que
Pemex podría capitalizarse con 500 mil millones de pesos (25 mil millones de
dólares), aportando 100 mil millones cada año durante cinco. Si se quisiera
reactivar productivamente a Pemex ya, sería necesario que contara con 200 mil
millones de pesos (10 mil millones de dólares), ya. Son cantidades con las que
posiblemente no se cuente de momento, pero podría contarse con ellas.
Existe en el país un importante
potencial para aumentar la producción de crudo en un plazo corto. En la cuenca
Tampico-Misantla, con el empleo de las nuevas tecnologías, se podría contar con
500 a 700 mil barriles más por día, en un periodo de 5 a 7 años. Una cantidad
similar podría obtenerse de los yacimientos de las cuencas del sur y de aguas
someras. En estas áreas Pemex ya produjo en el pasado. Existen además, de 10
mil a 15 mil pozos que por las tecnologías de extracción que se les aplican
producen por debajo de su potencialidad, otros semiabandonados o abandonados,
que se pueden reactivar productivamente, pensando en este caso, en que mediante
acuerdos, la inversión total para ello no tiene que proceder de Pemex sino de
la iniciativa privada. Pemex cuenta con más de 400 asignaciones petroleras, 80
de las cuales producen más del 85% del crudo del organismo. Para trabajar otros
campos se debe pensar en asignar recursos de inversión a Pemex o que éste se
asocie con inversionistas, preferentemente nacionales, para elevar la
producción donde sea posible en campos de bajos rendimientos o en aquellos que
por falta de inversión no se abren al aprovechamiento. Lo peor que puede
hacerse es dejar estos yacimientos sin aprovecharse y tampoco debe repetirse la
experiencia de las pasadas administraciones de excluir a Pemex de nuevas
oportunidades y entregar éstas a grandes consorcios internacionales.
@c_cardenas_s
· 16h
Muchas gracias a @ArnaldoOtegi y a quienes nos
acompañaron durante la guardia de honor a Lázaro Cárdenas por el 81 aniversario
de la expropiación petrolera.
@c_cardenas_s
Llegamos a esta
fecha con la necesidad de impulsar una nueva política petrolera que frene caída
y eleve producción, que de valor agregado en petroquímica y refinación, que
revierta contrarreforma constitucional y recupere para la Nación el control de
los recursos del subsuelo.
Hay mucho que hacer en la industria
petrolera distinto a lo que se hizo en las recientes administraciones pasadas,
pero en lo que se tiene que enfocar hoy, además de incrementar exploración y
extracción, es en reponer reservas y garantizar que se tendrán en el largo
plazo; aumentar la producción de gas y reducir su importación; en reactivar la
industria petroquímica; fortalecer el Instituto Mexicano del Petróleo;
recuperar para Pemex la comercialización de petróleo en el exterior, cancelando
esta concesión a Trafigura; salir de la Agencia Internacional de Energía y
acercarse a la OPEP; facilitar la instalación y operación de fuentes
productoras de energías renovables, no convencionales.
Urge que en las refinerías existentes
se lleven a cabo los trabajos necesarios de modernización, reconfiguración o
como deba llamarse a este proceso técnicamente, para que operen a su plena
capacidad. Los proyectos para elevar la capacidad de refinación nacional deben
mantenerse, pues la alta importación de combustibles plantea un problema tanto
de seguridad energética como de seguridad nacional, pero, considerando con
racionalidad las prioridades actuales de la industria petrolera, la
construcción de nuevas refinerías debiera empezar cuando se tengan las
seguridades de haber frenado la caída de la producción y cuando ésta se
encuentre en una tendencia de franco crecimiento sostenido.
Para todo esto se requiere dotar a
Pemex de recursos de inversión. Recuperar la producción y en general la
industria petrolera estatal es condición de recuperar crecimiento para nuestra
economía. Pensar en más deuda exterior en los montos necesarios para reactivar
a Pemex, no debiera ser opción, pues independientemente de si se lograra contar
con fuentes de financiamiento, los efectos serían contraproducentes para Pemex
y en la economía del país. Otra fuente de recursos podría ser recortes a
partidas del presupuesto federal para entregarlos a Pemex; no es una
alternativa deseable. Los recursos de inversión que Pemex requiere y los que
requiere el desarrollo general del país pueden y deben obtenerse de una
verdadera y profunda reforma hacendaria-fiscal, que se ha convertido en un
imperativo para cuidar nuestra seguridad nacional.
La reforma hacendaria, que empiece
necesariamente con la modificación de los tributos, debe ser el eje de la gran
reforma progresista y democrática que el país está demandando. No hacerla
ahora, en este primer año del sexenio, sería correr el riesgo de posponerla
quien sabe por cuánto tiempo, tiempo en el cual se ahondarían y complicarían
más los problemas que ya enfrentan tanto la economía como el desarrollo general
de la nación. Reforma hacendaria, nueva política económica y recuperación de la
industria petrolera como eje de éstas, deben verse como la vía para salir del retroceso
que han significado los años de neoliberalismo.
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