Por Jorge
Carrasco Araizaga.
La magistrada Yasmín Esquivel Mossa
le mintió al Senado de la República en su comparecencia como candidata a
ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. El martes 5 le repitió a
los senadores lo que había declarado a Proceso el viernes anterior: que fue
ajena a cualquier conflicto de interés en un juicio que el Tribunal de Justicia
Administrativa de la Ciudad de México, que ella preside, resolvió a favor de su
esposo, el empresario constructor José María Rioboó.
Documentos
oficiales y de la propia firma obtenidos por este semanario demuestran lo contrario. Grupo Rioboó
participó en la obra hidráulica de la Supervía Poniente, autorizada por el
entonces gobierno del Distrito Federal (GDF), en ese momento a cargo de Marcelo
Ebrard, actual titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE).
Además, la organización no gubernamental
Greenpeace y varios vecinos del sur de la capital, quienes desde el primer
momento impugnaron la obra ante el Tribunal de lo Contencioso Administrativo
del Distrito Federal (ahora Tribunal de Justicia Administrativa de la Ciudad de
México), le pidieron oficialmente a la magistrada que se abstuviera de
participar en el juicio, por ser esposa del presidente de una de las empresas
implicadas en la obra.
El 4 de
abril de 2012, cuando la Supervía ya
estaba en construcción –pese a que el Tribunal Administrativo había declarado,
en primera instancia, la invalidez de la manifestación de impacto ambiental–,
Grupo Rioboó gestionó el visto bueno del Sistema de Aguas de la Ciudad de
México (Sacmex) para las obras hidráulicas en las que estaba participando, en
el proyecto de unir al sur con el poniente de la capital. Más aún, dejó en
claro que personal del gobierno capitalino había ayudado a las maniobras
técnicas de la empresa.
La gestión consta en una comunicación
del ingeniero Óscar Cerón Bautista, quien firmó como gerente de Instalaciones
Hidráulicas del Grupo Rioboó, dirigida al ingeniero Mauricio J. Hernández
García, entonces director técnico del Sacmex.
El representante de Rioboó le dijo al
funcionario capitalino que en las siguientes semanas el GDF “promoverá el
desarrollo del proyecto denominado ‘Vía de comunicación urbana de peaje
vialidad elevada Luis Cabrera’ como parte del proyecto Vías Rápidas del
Poniente, y consiste básicamente en diseñar una vialidad elevada sobre la Av.
Luis Cabrera y que une el túnel de salida de la Supervía hasta la Autopista
Urbana Sur”, en el Periférico Sur.
Textualmente
le explica que para hacer “el sembrado
de zapatas y columnas de esta vialidad se tomó en cuenta el trazo real del
Colector Luis Cabrera de 2.44 m de diámetro. Para determinar la trayectoria del
colector se tubo (sic) que accesar a el (sic) para lo cual contamos con el
apoyo de personal de oficina de Control de Calidad del Agua y de los buzos”. Le
informó también que le había enviado “el avance del proyecto” para que lo
comentara “y/o en su caso (dar) el visto bueno para continuar con la etapa de
la construcción”.
Una copia de la carta fue para el
arquitecto Manuel Olivares Olivares, entonces gerente de costos y actual
responsable de Proyectos Industriales de Grupo Rioboó.
Con ese
antecedente, Greenpeace México solicitó
al Tribunal Administrativo la excusa de la magistrada Esquivel Mossa. La
petición se la hizo a la magistrada Victoria Eugenia Quiroz, quien era la
encargada del caso en la Sala Superior, presidida ya por la ahora candidata a
ministra de la Suprema Corte.
“Solicitamos atentamente que la
magistrada presidente de la Sala Superior de ese H. Tribunal, licenciada Yasmín
Esquivel Mossa, deje de conocer de los recursos de apelación R.A 242/2012 y
244/2012, acumulados al primero, que se ventilan ante esa H. Sala Superior
desde enero pasado, derivado de su vínculo matrimonial con el empresario José
María Rioboó, cuya empresa participa en asesoría en materia hidráulica para la
empresa desarrolladora del proyecto Sistema vial de puentes, túneles y
distribuidores sur-poniente de la Ciudad de México”, conocido como Supervía
Poniente, dice la
comunicación del departamento jurídico de Greenpeace.
La
organización no gubernamental internacional también advirtió que de no excusarse, la magistrada caería en las
responsabilidades establecidas en el Código de Procedimientos Civiles de la
capital del país.
La presidenta del tribunal
administrativo desoyó la petición y se sumó a la votación de seis a uno, en la
Sala Superior, para revertir la resolución previa del Tribunal, que había
sentenciado como ilegal la manifestación de impacto ambiental. El primer fallo
tomó en cuenta que no se había hecho la consulta pública prevista en la Ley
Ambiental de la capital y que la Barranca de Tarango, por donde pasó el trazo
de la Supervía, estaba catalogada como “área de valor ambiental del DF”, por la
misma ley, y por tanto la obra tenía un vicio legal de origen.
La autorización ambiental había sido
otorgada por Bernardo Lesser Hiriart, entonces director general de Regulación
Ambiental en la secretaría de Medio Ambiente del GDF. En el sexenio pasado,
Lesser fue asesor de la Subsecretaría de Hidrocarburos de la Secretaría de
Energía.
Información
reservada.
La negativa del conflicto de interés
también fue hecha de manera expresa por el propio Tribunal Administrativo. En
marzo de 2012, en respuesta a una petición de acceso a la información pública
formulada por Greenpeace, el entonces secretario general de Acuerdos del
tribunal, Rubén Alcalá Ferreira, aseguró en el oficio no. 08 (1)-5446/12, que
la información sobre el caso se mantenía reservada en tanto no causara estado.
“Sin embargo, independientemente de lo anterior y
revisados los autos de los expedientes, que actualmente se encuentran en
trámite en la Secretaría General a mi cargo, no existe relación o dato que vincule
a algún magistrado de este H. Tribunal con las partes, ni con sus abogados; y
que consecuentemente existiera algún impedimento para conocer del juicio en
cuestión”.
El gobierno de Ebrard mantuvo también
la información reservada cuando Greenpeace le pidió que le informara la
relación que existía en Grupo Rioboó y el consorcio integrado por la
constructora OHL Concesiones de México, Inmobiliaria COPRI y la Constructora
ATCO para crear Controladora Vía Rápida Poetas, encargada de la construcción de
la Supervía.
También en marzo de 2012 la Oficialía Mayor del GDF
le respondió que no le podía dar esa información porque el caso estaba en
litigio, además de que había sido clasificada como reservada durante siete
años.
El conflicto de interés fue
documentado por Greenpeace en el Senado de la República el miércoles 6, horas
después de que la Comisión de Justicia, presidida por Morena, aprobara “la
idoneidad” de las tres candidatas a ministras de la Suprema Corte: las
magistradas Yasmín Esquivel y Celia Maya y la académica Loretta Ortiz. La terna
fue presentada por el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien entregó a
Grupo Rioboó el proyecto del aeropuerto en Santa Lucía.
La
organización ambientalista señala que
ante las declaraciones de Esquivel a la revista (Proceso 2209), en las que negó
el conflicto de interés, demostró en su momento que la magistrada sí incurrió
en esa práctica.
Conforme al artículo 46 de la Ley del
Tribunal de lo Contencioso Administrativo del DF, y 171 y 172 del Código de
Procedimientos Civiles del DF, se obliga a los magistrados integrantes del
tribunal a excusarse de conocer asuntos que ahí se ventilan en caso de ser
cónyuges y tener interés personal en el asunto que motiva el juicio, bajo la
advertencia de ser sujetos de responsabilidad, escribió a los senadores el
director ejecutivo de Greenpeace México, Gustavo Ampugnani.
Recordó que el juicio ante el
Tribunal Administrativo comenzó cuando demandó, junto con un grupo de vecinos,
la nulidad de la manifestación del impacto ambiental emitido por la Secretaría
de Medio Ambiente de la Ciudad de México, encabezada entonces por Martha
Delgado Peralta, ahora subsecretaria de Asuntos Multilaterales y Derechos
Humanos de la SRE.
Greenpeace entregó copia de su comunicación al Senado,
tanto a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos como al Relator para la
Independencia de Magistrados y Abogados de la ONU.
Durante su comparecencia ante los
senadores de la Comisión de Justicia, Esquivel Mossa volvió a negar que haya
estado implicada en un conflicto de interés al votar a favor del proyecto de
resolución que dio vía libre a la construcción de la obra, aunque ésta ya se
había realizado debido a la dilación del tribunal para resolverlo.
El senador
panista Damián Zepeda la cuestionó sobre
el tráfico de influencia, nepotismo y conflictos de interés de los que ha sido
señalada.
La magistrada
respondió: “El ingeniero Rioboó, lo he
dicho enfáticamente, no participó en esta Supervía. De haberlo hecho, tenemos
nosotros la excusa, que es un elemento que utilizamos los jueces y magistrados,
cuando existe amistad, enemistad con cualquiera de las partes, familiaridad. Lo
hubiera hecho de manera inmediata”.
Y aunque me hubiese excusado, dijo,
la resolución no hubiera cambiado en el fondo, “pero no lo hice porque no había
elementos en el expediente que advirtiera alguna participación de ese grupo Rioboó
o del señor José María Rioboó en el tema”.
Explicó que se casaron hace siete
años, a los cinco meses de conocerse y cuando “yo ya tenía una vida profesional
consolidada”. Y como lo declaró al semanario, dijo que su esposo “nunca ha
tenido un asunto en la Suprema Corte, y si lo llegara a tener, yo me excusaría
de inmediato del conocimiento de ello”.
Agregó que la Sala Superior votó a
favor de que siguiera la obra, porque la demanda se presentó fuera de tiempo,
pues Greenpeace no estaba afectada en su esfera jurídica de defensa de su
objeto social y porque los particulares nunca acreditaron vivir en la Ciudad de
México.
“Esas fueron las razones por las
cuales 6 de los 7 magistrados de la Sala Superior determinaron que no procedía
la nulidad, que era legal la obra y debía continuar”, dijo la magistrada.
Después, la sentencia fue confirmada por un Tribunal Colegiado en Materia
Administrativa y la Suprema Corte rechazó revisar el caso por falta de
importancia y trascendencia, “por lo que quedó firme la obra que conecta la
parte sur con la parte poniente” de la ciudad, afirmó.
Aunque en su comparecencia en el
Senado negó que haya actuado unilateralmente en el caso del personal, puesto
que las decisiones “las toma de forma colegiada la Sala Superior”, además de
que “ninguno de mis jefes me ha pedido que contrate a alguien de su familia”,
el Tribunal enfrenta dos juicios promovidos por dos de sus exmagistrados que
salieron durante la gestión de Esquivel y a quienes atribuye la información que
se ha publicado sobre su gestión.
En un
escrito enviado al reportero, el
magistrado en retiro Jorge Fernández Souza aseguró que Esquivel Mossa ha
utilizado recursos judiciales para prolongar el juicio que interpuso para el
cobro de su pensión como magistrado del Tribunal y evitar la reinstalación del
magistrado Carlos Rebolledo.
“Es absurdo el criterio de que todo
derecho que deba de ser respetado por alguna autoridad, tenga que ser defendido
necesariamente en tribunales, en este caso federales. El absurdo es aún mayor si
quien tiene la responsabilidad de respetar la ley y no lo hace es quien preside
un Tribunal”,
señala.
Agrega que la justicia federal le ha
dado la razón, “aunque la presidenta del Tribunal interpuso un recurso de
revisión, en la… lógica de prolongar el litigio”. La negativa a mi reclamo
“sería por razones extrajurídicas”, dijo.
En una breve
comunicación al semanario, el magistrado
Rebolledo desmintió que haya demandado al tribunal para pelear su pensión, como
le dijo la magistrada Esquivel a Proceso: “Mi demanda es porque me obligaron a
dejar el Tribunal a los 75 años, siendo que mi nombramiento es inamovible.
Tengo sentencia del juez a mi favor y ratificada por el Tribunal Colegiado, por
lo que es sentencia firme… La magistrada ha hecho todas las artimañas para no
cumplir con la sentencia”. Atribuye su separación del Tribunal a haber votado
contra la Supervía.
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