El poderoso
líder del sindicato de Petróleos Mexicanos (Pemex), Carlos Romero Deschamps, acumula tantos años en el poder como
acusaciones de corrupción y se encuentra, con Andrés Manuel López Obrador en la
Presidencia de México, en el punto de mira de la opinión pública.
Desde 1993,
este hombre apodado “el Güero” por su tez blanca, dirige el Sindicato de
Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM).
De acuerdo
con información proporcionada a Efe por el propio organismo creado en 1935,
este cuenta actualmente con 93 mil 586 afiliados en activo y 52 mil jubilados.
Se integra
por 36 secciones por todo el país con sus jurisdicciones propias, obteniendo
recursos mediante cuotas sindicales y contratos.
Sobre Romero Deschamps (Tampico,
1944) planean numerosas acusaciones de corrupción y desvío de fondos,
sustentadas en evidencias de él y su familia sobre un tren de vida
desenfrenado, con mansiones, yates y autos de lujo.
Con el arribo de López Obrador a la
Presidencia el pasado 1 de diciembre, y la pérdida por Romero Deschamps de su
escaño en el Senado en 2018 y del fuero constitucional que le concedía, los
tentáculos de la justicia parecen estrecharse de nuevo contra este líder
petrolero.
“La decisión es que no se proteja a
sindicatos, que no se proteja a dirigentes, que sean los trabajadores los que
elijan libremente a sus representantes. (Pero) no queremos actuar de manera
espectacular, siempre lo he dicho”, apuntó López Obrador esta semana cuestionado por enésima vez
sobre el futuro del líder petrolero.
Aunque no se han tomado acciones
legales, trabajadores petroleros entregaron esta semana ante la Fiscalía
pruebas sobre su presunto enriquecimiento ilícito de 150 millones de dólares.
Pero de
acuerdo con medios locales, en las
últimas horas un juez congeló cualquier orden de captura contra el petrolero,
alegando que faltaba información por parte de la Fiscalía.
La periodista Ana Lilia Pérez, que
durante 20 años ha investigado a Pemex, recordó que Romero Deschamps comenzó
desde muy abajo en la organización como chófer hasta estrechar lazos con otro
gran sindicalista, Joaquín Hernández “La Quina”.
Hernández fue destituido, encarcelado
durante varios años y posteriormente amnistiado. Y Romero Deschamps, de facto,
lo sustituyó tras la designación temporal de un líder interino.
Uno de los escándalos más cercanos a
Romero Deschamps fue el del Pemexgate -el desvío de fondos millonarios del
sindicato a la campaña del candidato presidencial del Partido Revolucionario
Institucional (PRI) en 2000-, del que salió indemne.
“El caso quedó demostrado y por eso
se impuso una multa histórica al PRI, pero Romero Deschamps obtuvo un amparo”,
apuntó Pérez, autora, entre otros, del libro “Pemex RIP. Vida y asesinato de la
principal empresa mexicana”.
La supervivencia de Romero Deschamps,
que ha sido capaz de reelegirse en numerosas ocasiones en el sindicato, también
se debe a motivos políticos.
En primer
lugar porque gozó de fuero en varios
periodos como diputado y senador por el PRI, una prueba más de sus vínculos.
“Por muchos años ha existido una
cercanía del sindicato con el presidente de turno. Porque el sindicato
garantizaba votos y era un apéndice del PRI”, que se mantuvo en el poder durante décadas y hasta
2000, apuntó la experta.
En 2013, la detención de otra poderosa líder y
amiga, Elba Esther Gordillo del Sindicato Nacional de Trabajadores de la
Educación (SNTE), parecía presagiar la caída de Romero Deschamps.
Pero no fue así, y este hombre -una
figura escurridiza ante la prensa- se ha mantenido en el poder del sindicato
más de un cuarto de siglo.
“Está en la tradición del
sindicalismo oficial mexicano que los líderes se eternicen. Los presidentes
(mexicanos) no se reeligen, pero los líderes sí”, señaló a Efe Lorenzo Meyer, profesor
emérito de El Colegio de México.
Sus presuntos actos no son nuevos
para el sindicato, favorecido desde su nacimiento por privilegios. Formado en
1935, se considera al STPRM como una antesala a la nacionalización del petróleo
impulsada por el emblemático presidente Lázaro Cárdenas (1934-1940).
Por ejemplo,
señaló Pérez, para que un trabajador
fuera empleado de Pemex necesitaba una “ficha” del sindicato, una autorización
que se usó como “moneda de cambio” durante décadas, mediante la compraventa o
el alquiler de la misma.
Con López Obrador y sus promesas anticorrupción,
parece reabrirse la posibilidad de investigar al líder, aunque no esté en las
prioridades del mandatario, que ahora debe “enfrentar el robo directo de
combustible” sin chocar con el sindicato, opinó Meyer.
No obstante, le llegaría su turno tarde
o temprano: “Romero Deschamps no puede sobrevivir a López Obrador, porque es su
antítesis”,
concluyó.
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