Por Mónica
Cerbón.
Después de
investigar las denuncias de 19 personas detenidas por la policía ministerial de
Aguascalientes cuando Felipe Muñoz
Vázquez era procurador de la entidad, la CNDH concluyó que se acreditaban los
señalamientos contra el funcionario por diversas violaciones a los derechos
humanos. Particularmente graves son los testimonios que involucran a Muñoz,
actual subprocurador de Investigación de Delitos Federales bajo las órdenes del
fiscal general Alejandro Gertz Manero, en actos de tortura y violación sexual.
La recomendación
17VG/2019 de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) enviada al
gobierno del estado no deja lugar a dudas:
el titular de la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delitos
Federales de la Fiscalía General de la República (FGR), Felipe Muñoz Vázquez,
cometió diversas vejaciones, tocamientos sexuales y torturas cuando fue
procurador de Justicia de Aguascalientes en el sexenio del priista Carlos
Lozano de la Torre.
En sus 301
páginas, la recomendación involucra a 19
víctimas de detención arbitraria, tortura, trato cruel, inhumano y degradante,
así como tortura sexual. La CNDH señala directamente al exprocurador
(identificado como AR1) de haber participado en los actos de tortura y
violencia sexual.
Cita por
ejemplo el testimonio de una mujer
identificada como V2 (víctima 2), quien sigue presa, acusada de extorsión:
“ (…) pedí un vaso de agua y uno de
los ministeriales se acercó con el vaso de agua pero yo apenas podía caminar,
me dolían mucho las piernas, mi panza y un dolor muy fuerte en mi vagina (…) Se
acercó un hombre por atrás, yo estaba esposada (…) Con la sola introducción de
un hisopo en mi vagina el médico dijo que tenía desgarrada mi vagina producto
de una violación (…) [AR1] me dio un beso en el cachete (…) me jaló la blusa y
metió su mano, me agarró un pecho y me lo apretó.”
Tras recibir la recomendación de la
CNDH, a la que debe dar respuesta, el fiscal General del Estado, Jesús Figueroa
Ortega, dice que el caso “sí se va a investigar… con base en la denuncia que
presente la comisión, esa es la parte medular”.
La comisión está solicitando a la fiscalía colaborar en
la investigación contra Felipe Muñoz Vázquez y otros elementos de seguridad a
través de la denuncia de hechos “que este organismo nacional presentará ante la
Fiscalía del Estado en contra del personal policial y ministerial involucrado”,
incluyendo a Muñoz Vázquez.
Por el momento, la FGR tiene
señaladas a alrededor de 30 autoridades que pudieron haber participado
directamente en actos de tortura, de las cuales cinco o seis todavía tienen
cargos operativos en la FGE.
Durante los años en los que
ocurrieron los casos de tortura integrados a la recomendación, Figueroa Ortega
fungió como juez del Juzgado Quinto Penal y les dictó auto de formal prisión al
menos a tres de las 19 víctimas de tortura.
“Nosotros no teníamos contacto con
los imputados, ellos estaban a través de una rejilla. Nosotros no teníamos que
certificar médicamente. El Poder Judicial no tiene médicos. Puede ser que
alguno de ellos haya manifestado que había sido golpeado y eso se quedó
asentado”, dijo al
ser interrogado sobre su actuación en dichos casos.
De las 19
víctimas, nueve permanecen recluidas
desde 2011 y 2012. Todas permanecieron presas entre uno y siete años; mientras
que 10 denunciaron haber sido víctimas de tortura y abuso de autoridad; una
denunció violación sexual.
Las denuncias formales por tortura
presentadas por dos víctimas que actualmente están recluidas se encuentran en
reserva de diligencias desde 2017, por falta de pruebas. En otras denuncias se
determinó no ejercer acción penal por dichas violaciones, todas en el periodo
de Muñoz Vázquez como procurador.
El colaborador del fiscal general
Alejandro Gertz Manero ha ocupado puestos en la procuración de justicia de
varios estados y en el gobierno federal desde 1992. En 2015 fue titular de la
Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada
(SEIDO), cuando Arely Gómez era titular de la PGR.
En medio de las investigaciones por
la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, Muñoz dejó el cargo tras
defender la “verdad histórica” del exprocurador Jesús Murillo Karam. Ese mismo
año fue designado por el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong,
como secretario ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.
A principios
de 2016 fue nombrado procurador de
Colima, donde prometió que bajaría los índices delictivos en seis meses.
Pasaron ocho y, entre críticas por el aumento de la violencia, renunció.
El mismo año fue designado titular de
la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delitos Federales de la
FGR, su cargo actual, en el que debe investigar los casos de corrupción que ha
prometido atender el presidente López Obrador.
Acusaciones Directas.
En septiembre de 2010 el Mecanismo
Nacional de Prevención de la Tortura dirigió al entonces gobernador de
Aguascalientes, Luis Armando Reynoso Femat, un informe de las omisiones en la
prevención y erradicación de la tortura, en el cual se enfatizó que la entidad
no contaba con mecanismos que permitieran a las víctimas denunciar ese delito.
Tres años después, ya con Carlos
Lozano como gobernador y Muñoz Vázquez como procurador, la CNDH abrió una
investigación de oficio (expediente CNDH /1/2013/4123/VG) sobre la denuncia
pública de los familiares de 186 personas internas en tres penales de la
entidad.
Según los familiares de internos,
policías ministeriales y el procurador participaron en detenciones arbitrarias
y actos de tortura en una casa de arraigo y en un espacio conocido como “spa” o
“gimnasio”, en las instalaciones de la Procuraduría Estatal.
En más de
100 casos, la CNDH no pudo ubicar a las
víctimas o corroborar sus testimonios. Uno de los probables afectados falleció,
sin que se pudieran determinar las causas.
Sólo 19 víctimas decidieron seguir
con el proceso y sus casos resultaron en la recomendación final de la CNDH.
Otras 27 omitieron sus testimonios por temor a represalias y seis testimonios
no pudieron corroborarse, por lo que se consideran sólo como quejas. Estos son
algunos de los testimonios en que Muñoz Vázquez es señalado en la recomendación
por su puesto o por su clave AR1:
“(…) me aventó contra la mesa (…) me
empezó a pegar, a aventarme, a patearme en el abdomen, vientre bajo, en las
piernas, que me hizo caer de rodillas, otro me jaló el cabello (…) Estaba
hincada (…) el procurador (…) me tomó otra vez del cabello y me aventó (…) me
volvieron a dar cuatro patadas diferentes hombres, después el procurador me
golpeó con algo en la cabeza y perdí el conocimiento (…) me senté y sentí un
dolor muy fuerte en mi vientre”, relató la víctima con la clave V2.
Ella y otra mujer (V6) fueron
detenidas el 14 de septiembre de 2011 en diferentes lugares. Las dos fueron
torturadas y violadas sexualmente por policías ministeriales, incluido el
entonces procurador, según se comprobó en la investigación de la CNDH.
Por el caso
V2 la comisión señaló que “el Ministerio
Público titular debió ordenar los exámenes médicos correspondientes para
descartar cualquier agresión de índole sexual, aun cuando se tratara de AR1,
servidor público que denotó un total desprecio, contrario a la dignidad de V2,
aun cuando ésta se encontrara detenida”.
Otra víctima, que obtuvo su libertad
el 14 de diciembre de 2017 fue asfixiada en varias ocasiones durante su
detención y “tres elementos de la policía ministerial la desnudaron
completamente, (y) le introdujeron los dedos en la vagina diciéndole que la
iban a matar.
“‘¡Esta se cree muy huevuda!’ (…)
pues me dijeron: ‘¡Nada más se hace pendeja’ (…) se empezaron a burlar todos
(…) Me dijo: ‘¡Pues si no me firmas voy a ir por tu familia, al fin de cuentas
ya sé a qué se dedican! ¡Yo sé que están trabajando ahorita y yo los puedo
chingar, así que tú decides!’ (…) llegó un ministerial y se sentó delante de mí
y en su escritorio tenía un arma, agarró el arma y me apuntó en mi cabeza y me
dijo: ‘¡Si yo quiero te mato y te aviento por ahí, en algún baldío, y luego te
pongo un cartelón: La matamos por perra, ajuste de cuentas, ¿como ves?’.”
Otra víctima de violación sexual
(V1), fue detenida en 2011, acusada de robo calificado. Posiblemente estuvo
embarazada, con seis semanas de gestación, cuando fue torturada, pero el médico
legista que lo dejó asentado no adjuntó las pruebas médicas que permitieran
asegurar el diagnóstico. Sólo fue atendida por un sangrado transvaginal 47 días
después de su detención.
“Me tiraron al suelo y sentí que me
quitaron la ropa de la cintura hacia abajo, sentí que me introdujeron algo en
mi vagina, sentí que no era un pene, pero sí era algo duro como un tubo, sentí
mucho dolor y como que me escurrió algo entre las piernas”, declaró. En
diciembre de 2016 obtuvo sentencia absolutoria.
Las tres
mujeres señalaron que el entonces
procurador de Aguascalientes las obligó a firmar la declaración en la que se
auto-incriminaron.
En los tres casos la CNDH señala como responsable
directo o indirecto al exprocurador, además de acusarlo de no proporcionar
certificados médicos de las víctimas durante su periodo de arraigo, cuando
fueron agredidas por los ministeriales.
“Ha quedado establecido que bajo el
consentimiento de AR1 y los ministerios públicos que integraban las
averiguaciones previas en las que se encontraban relacionadas las víctimas,
existió anuencia para llevar a cabo por parte de la policía ministerial violaciones
a los derechos humanos a la seguridad jurídica, ante las detenciones
arbitrarias; integridad personal por hechos de tortura, trato cruel, inhumano o
degradante; tortura sexual; y acceso a la justicia y la verdad de las víctimas
señaladas”, concluye
la recomendación.
Agrega que es de “particular relevancia el hecho que
la violación a los derechos humanos provenga de los servidores públicos
encargados constitucionalmente de la prevención e investigación de los delitos.
En el caso de AR1 resulta aún más relevante su actuar, dado que se trata del
titular de la entonces Procuraduría Estatal, en quien se entiende es la persona
con mayor grado de responsabilidad en su calidad de servidor público”.
El
“gimnasio” de la tortura.
Se documentaron también los casos de
cinco policías municipales de Aguascalientes y un tendero detenidos en 2011 por
presuntos nexos con el grupo delictivo La Oficina. Ellos testificaron que Muñoz
Vázquez se encontraba presente y dio las órdenes cuando fueron golpeados en el
“gimnasio” de la procuraduría local.
Un policía contó que el procurador
traía unas hojas con algo escrito a mano y mencionó un nombre. Otro policía
levantó la mano y contestó que era él. Enseguida varios sujetos encapuchados y
armados lo rodearon y le ordenaron: “¡Pon las manos atrás, hijo de tu puta
madre!”.
Otro uniformado (V14) tuvo que
recibir atención psiquiátrica por depresiones y estrés postraumático, como
resultado de la tortura.
Los seis acusados estuvieron presos
casi dos años. Entre 2013 y 2014 recibieron el auto de libertad y, aunque
presentaron denuncias por el delito de tortura, en 2013 y 2015 se determinó no
ejercer acción penal en contra de los responsables.
En la
mayoría de los casos, el exprocurador es
acusado de no haber proporcionado los certificados médicos de las víctimas
durante el tiempo que estuvieron arraigadas y en el que sufrieron asfixia,
golpes en todo el cuerpo, choques eléctricos en los genitales y quemaduras.
A partir de los testimonios de las
víctimas se estableció que los policías ministeriales, sin emplear ninguna
técnica de investigación, circulaban por las calles y detenían a alguien
supuestamente parecido al sospechoso. En el papeleo resultaba ser la persona
que buscaban. En otros casos las víctimas fueron sustraídas de sus domicilios
con violencia.
A ninguna de esas personas se les
mostró la orden de localización o presentación del Ministerio Público en su
contra. Además, se violentó su derecho a la presunción de inocencia y no se les
informaba de su derecho a comparecer con un defensor particular. Después
permanecieron incomunicadas.
Otra constante es que, al poner a
disposición a las personas detenidas, la policía ministerial reportaba que
“corrían para no ser detenidas y se caían”, “se aventaban a una zanja” o bien “caían
de la camioneta en la cual los llevaban asegurados”, por lo que todos
presentaron lesiones al declarar.
Después de la declaración ministerial
–detalla la recomendación de la CNDH– los peritos médicos emitían su dictamen y
“asentaban las lesiones que presentaban, sin precisar las características ni la
temporalidad. En algunos casos se señalaba que estaban bien de salud, aun
cuando después ingresaban a algún centro de salud, dependiendo de su gravedad.
En su mayoría fueron trasladados a diferentes hospitales para su atención”.
Durante el tiempo en que las víctimas
permanecían en los hospitales, se solicitaba orden de arraigo de 21 a 46 días
para seguir integrando el expediente. Cuando estaba por vencer el plazo, los
detenidos eran llevados a declarar, golpeados y torturados.
Tras haber sido torturado, un hombre
con la clave V3 –consignado en 2011 por homicidio y delincuencia organizada,
por lo que sigue recluido– requiere de hemodiálisis, ya que sus riñones dejaron
de funcionar a causa de los golpes que recibió durante 25 días.
Después de la última golpiza, V3
permaneció en el Hospital Hidalgo durante 23 días y después se le dictó auto de
formal prisión.
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