Alejandro Encinas, en su calidad de
subsecretario de Gobernación encargado de los derechos humanos, pintó ayer el
lienzo del horror que son las desapariciones en México.
40 mil personas desaparecidas, al
menos mil 100 fosas clandestinas registradas mas no necesariamente exploradas,
26 mil cuerpos sin identificar arrumbados en los servicios forenses… Números de
una de las más sensibles deudas de eso que pomposamente llamamos Justicia
Mexicana.
O en
palabras de Encinas: los signos de una
de las herencias más ominosas del régimen anterior.
¿Cómo llegamos aquí? Si hiciéramos un
poco de memoria lo sabríamos, pero Encinas hizo un pertinente recordatorio: por
una profunda simulación.
Van dos
estampas sobre esa simulación: “Nuestro
Sistema Nacional de Búsqueda está integrado por 42 personas, representantes de
distintas instituciones. Y ahí es donde empieza la simulación que se hizo en el
gobierno anterior donde, a dos semanas de terminar su gestión, se instaló el
Sistema Nacional de Búsqueda y se presentó un Plan Nacional de Búsqueda que no
fue consultado con nadie, pero de los 42 integrantes, 24 no están constituidos,
pues son las comisiones estatales de búsqueda que en esta fecha no se habían
integrado”.
Un sistema que tiene vacías más de la
mitad de sus sillas. Un sistema montado, subrayó Encinas, sobre una República
donde 20 de las 32 entidades federativas “no han tomado ni medidas
legislativas” ni han procedido “a la integración correspondiente de las
comisiones estatales”.
La segunda estampa es igual o más contundente.
El último año del peñismo, así, con minúscula, había presupuestado 468 millones
de pesos para los desaparecidos. Se ejercieron sólo 6 millones. Ese fue el
empeño ante la crisis humanitaria.
Esta tragedia no admite, hablando de
actores públicos, una dicotomía donde hay unos que son culpables y otros que se
creen inocentes.
Si algo habría que puntualizar de lo
dicho por Encinas ayer es que los que van llegando al poder no heredan este
horror de la nada, ni que ellos acabaran de aterrizar provenientes de Marte.
Esta herencia fue construida por
todos, incluidos ellos (los hoy de Morena) en tanto que desde hace décadas
forman parte del sistema de partidos que desde gobiernos municipales, estatales
y congresos, incluido por supuesto el de la Unión, han hecho su parte para
cavar eso que Encinas, con justa razón, llamó la enorme fosa clandestina que es
México. Si sólo hiciera falta mencionar un ejemplo: el hoy presidente Andrés
Manuel López Obrador y el propio Encinas eran tan perredistas como algunos de
los involucrados en la desaparición de los 43 de Ayotzinapa, ese caso que no
por notorio ha logrado mayor justicia.
Fue el Estado en el caso de los 43 y
fue el Estado en 40 mil casos más, en tanto que durante al menos dos décadas
nuestro sistema democrático ha sido incapaz de prevenir y castigar, perseguir y
reparar… las desapariciones.
Encinas ayer comprometió más presupuesto, más
coordinación con los estados, más apertura hacia grupos de expertos –nacionales
e internacionales–, crear más capacidades institucionales, diálogo y apoyo a
las familias de los desaparecidos, y un compromiso de que el Estado asumirá
plenamente su responsabilidad.
En otras
palabras: Encinas convirtió ayer el
problema de los desaparecidos en el problema del Estado cuyas instituciones más
importantes están hoy en manos de gente o bien surgida de Morena o bien en los
hechos afines al gobierno (el ministro presidente Zaldívar, incluido).
Porque hoy el reto es cómo no heredar
en seis años algo parecido, apenas menor o incluso peor, al horror que este
lunes describió el subsecretario. Cómo no heredar un Estado enterrado,
desaparecido. Un Estado de simulación.
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