Raymundo
Riva Palacio.
El estilo
hiperpresidencialista de Andrés Manuel López Obrador le ayuda a controlar el
mensaje, pero causa tensiones y fatigas dentro y fuera de su gobierno. Son
varios de sus colaboradores más cercanos que expresan en privado el desgaste de
estar de madrugada, todos los días en Palacio Nacional, ajustando con el
presidente lo que tienen programado anunciar. Sus conferencias de prensa
matutinas las ha convertido también en la comparecencia pública de sus
funcionarios, mostrando la mayoría de las veces sus limitaciones, carencias o
agotamiento. También los coloca en ridículo, haciendo ver a miembros de su
gabinete como personas mal informadas o como floreros.
Ayer
precisamente se dio uno de esos momentos, donde López Obrador descalificó a su
secretaria de Energía, Rocío Nahle, quien dijo que iban a utilizar el método
del fracking en la producción de petróleo. Eso no se hará, aseguró, dejándola
una vez más en ridículo. La secretaria de Energía es a quien más ha enmendado
las cosas en público, pero no tendrá consecuencias futuras. Nahle tiene una
fuerte coraza frente a cualquier descolón o situación embarazosa. Será
secretaria hasta que el presidente lo decida. No era nadie antes de conocerlo,
no sería nada sin él.
No es el
caso de la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, una de las
colaboradoras del presidente que más ha resentido su estilo de gobernar y la
forma en como utiliza canales de comunicación y acción sin apegarse a las
líneas de mando. La secretaria es a quien probablemente más han golpeado las
desmañanadas, al tener que estar siempre en Palacio Nacional como parte del
gabinete de seguridad que sesiona diariamente, que ha llevado a que en más de
una ocasión haya estado al punto del colapso por agotamiento físico. La
colocación de sillas en el templete de las conferencias se origina en lo duro
que estaba pasándola de pie durante más de una hora, pese a que en ocasiones
salía del escenario para que pudiera descansar fuera del ojo público.
Poca gente
se daba cuenta de sus ausencias porque, casi siempre, es irrelevante si está o
no está acompañando al presidente. La conferencia del lunes, donde el
presidente dio a conocer el Plan de Implementación de la Ley General en Materia
de Desaparición Forzada, fue el último ejemplo. Sánchez Cordero estuvo presente
en la conferencia, pero prácticamente fue de ornato. Por decisión de López
Obrador, quien hizo la exposición y respondió preguntas de periodistas y
activistas fue el subsecretario de Gobernación, Alejandro Encinas. Sin decir
palabra alguna, Sánchez Cordero, cabeza del sector de Gobernación, estaba
desempoderada.
Su relación
profesional con López Obrador ha sido complicada, no por el trato personal con
él, sino por el profesional. Durante la transición, López Obrador dejó de
responderle sus mensajes telefónicos porque decía a sus cercanos que no
terminaba de concretar lo que le pedía, y en el diseño del nuevo gobierno se
inclinó por Alfonso Durazo, que desmanteló Gobernación para sumar las tareas de
inteligencia y protección civil a la Secretaría de Seguridad Pública. El presidente
dice que esa Gobernación se encarga de la relación con los poderes pero, en la
práctica, también ha sido desplazada.
La operación
política para la elección del presidente de la Corte, así como el relevo de la
presidenta en el Tribunal Electoral, que están en su ámbito, la hizo Julio
Scherer, consejero jurídico de la Presidencia. En la relación política con la
oposición también la han avasallado. Por ejemplo, el compromiso de que la
gubernatura de Puebla, tras la muerte de la gobernadora Martha Erika Alonso, el
24 de diciembre, sería para los panistas, ha sido dinamitado por la presidenta
de Morena, Yeidckol Polevnsky, y el excandidato al gobierno poblano, Miguel
Barbosa, que ignoraron el acuerdo político de Sánchez Cordero con el PAN y
están operando en sentido contrario para que la victoria en la elección que se
programará la gane Barbosa.
Sánchez
Cordero se dio cuenta hace tiempo del papel que está jugando y en dos
ocasiones, según funcionarios federales, le ha presentado su renuncia al
presidente. No se conocen los detalles que le planteó la secretaria a López
Obrador, pero los funcionarios dijeron que su molestia está en el campo de lo
profesional y la ausencia de poder real como responsable de la gobernación. El
presidente rechazó en ambas ocasiones la renuncia. Es natural. Una renuncia a
dos meses de iniciado el gobierno mostraría rupturas y crisis interna, lastimando
también el estilo personal de gobernar de López Obrador.
Las
renuncias están siendo un síntoma del crujir del modelo hiperpresidencialista,
pero López Obrador no va a cambiar. El argumento en Palacio Nacional es que si
como jefe de Gobierno en la Ciudad de México fue un éxito esa forma de
gobernar, por qué no lo sería ahora. Esa dialéctica llevó al presidente Enrique
Peña Nieto al barranco. Toluca no era México; la capital federal, tampoco.
Valdría la pena no caer en silogismos.
Nota: Lauren
Sambrotto, jefa de la Unidad de Relación con Medios de Barclays, envió una
clarificación por la columna 'Lo que nos costó el road show', publicada el 31
de enero, donde se mencionó que Barclays había organizado los encuentros con
inversionistas en Nueva York para la Secretaría de Hacienda y Pemex, tras lo
cual envió un reporte a sus clientes criticando las políticas financieras y
energéticas del gobierno. La señorita Sambrotto, si bien reconoció el papel de
Barclays en la organización del encuentro, precisó que es factualmente
incorrecto establecer una relación entre su oficina de consultoría y de
investigación, que por requerimientos internacionales y locales operan por
separado y en forma independientes.
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