Por Martín
Moreno.
Entre las estridencias de arranque de
gobierno que han envuelto al país desde el uno de diciembre pasado – de los
canallas a los conservadores, de los corruptos a los purificados, de los
chairos a los fifís-, una frase rotunda de Tatiana Clouthier se perdió en ese
mar de injurias aunque, no por ello, deja de tener relevancia y encierra una
profunda preocupación sobre la toma de decisiones en el actual Gobierno:
“El mando militar es el que va a
terminar determinando, quién nos gobernará en los próximos seis años…”.
No lo dijo
ningún opositor a AMLO. Lo alertó, nada menos, que quien fuera su coordinadora
de campaña electoral y que sin duda es una de las mentes más lúcidas de Morena,
vacunada contra el fanatismo que no pocos de los colaboradores y adoradores del
Presidente muestran en público y en privado sin ningún pudor. Clouthier sabía
lo que decía aquel 10 de enero cuando públicamente hizo la advertencia sobre el
empoderamiento voraz de los militares.
No es poca cosa lo que advirtió
Clouthier. Significa, nada menos, que plantear el endiosamiento de un poder –
el militar-, que irá más allá del Presidente López Obrador. Con facultades
ilimitadas. Con dinero a pasto. Por encima del propio ejecutivo.
La frase de
Tatiana asoma un viejo adagio, adecuado hoy a nuestra realidad:
El Presidente está en Palacio
Nacional. El que manda, está en Periférico norte.
En la praxis, los hechos le dieron la
razón a Tatiana.
Y fue el propio AMLO quien acabó por
entregar el poder absoluto a los militares. El poder que les faltaba: el
financiero.
“Este nuevo aeropuerto va a estar
administrado por la Secretaría de la Defensa, desde luego, con la normatividad
de Comunicaciones y Transportes; pero la renta, los beneficios del nuevo
aeropuerto de Santa Lucía, van a ser transferidos a la Defensa para fortalecer
las finanzas de esta institución…”, anunció López Obrador el domingo pasado. Es
decir: al empoderamiento en seguridad, agregar el empoderamiento económico para
los militares. Lo que les faltaba.
El Ejército tendrá el control
absoluto de la seguridad, a través de la Guardia Nacional que seguramente será
aprobada en el Senado.
El Ejército tendrá también el control
absoluto de la estabilidad social, con las facultades constitucionales que se
le pretende otorgar en este sexenio y que desde el Gobierno peñista se les
concedió a través de la Ley de Seguridad Interior.
El Ejército ahora tendrá el control –
era lo único que oficialmente le faltaba-, de ingresos financieros que durante
el sexenio se medirán en millones de dólares, vía el nuevo aeropuerto. Casi
nada.
El Ejército mexicano, empoderado.
Omnipresente. Millonario.
De la 4ta Transformación a la 4ta
Militarización.
Ojalá que AMLO sepa lo que está
haciendo.
La 4ta Militarización ya cobró sus
primeras víctimas por la falta de adiestramiento de los soldados en cuestiones
de seguridad:
Josué Olarte Barba, de 28 años, fue
asesinado por un grupo de militares el 6 de febrero en Nuevo Laredo. Le
dispararon en la cabeza. Su familia ya presentó una queja ante la CNDH
(CNDH/2/8684/2019/Q). Hasta hoy, no hay militares detenidos por este ataque a
un civil.
Jessica Guadalupe Medrano fue
detenida y torturada por militares de manera arbitraria, también en Nuevo
Laredo, y presentó lesiones por arma de fuego. Ocurrió el 29 de diciembre de
2018. (Ambos casos fueron investigados por la reportera Emma Landeros y
publicados en el portal Revolución 3.0).
¿Ha ofrecido el Ejército alguna
explicación de ambos ataques contra civiles? No.
¿Ha ofrecido el comandante supremo de
las Fuerzas Armadas (el presidente de la República) una disculpa a las familias
ofendidas? No.
Cierto: en cuestión de seguridad nacional, a AMLO
no le quedaba de otra: tenía que mantener al Ejército en esas tareas, debido a
la corrupción que sometía a las policías. Era mantener a las fuerzas armadas en
tareas de seguridad o de plano, entregar las plazas al crimen organizado.
“AMLO no tenía de otra sopa: era
utilizar al Ejército y a la Marina en contra del crimen organizado y su brazo más
poderoso: el narcotráfico, o de plano, entregar calles, pueblos, ciudades y
estados a los criminales. Así de sencillo, así de grave. No había otra
opción.”, escribí en mi columna titulada “Militares: 10 pros y contras”, del
pasado 21 de noviembre. No había de otra.
Pero una cosa es mantener en asuntos
de seguridad al Ejército y otra, muy diferente, será entregarle directamente
los millones de dólares que generará la operación del nuevo aeropuerto en Santa
Lucía. ¿A cuenta de qué? ¿De qué tiene miedo AMLO?
¿Era
necesario empoderarlos todavía más?
Un Ejército poderoso, intocable,
multimillonario.
Ese es el Ejército mexicano. Que no
le rinde cuentas a nadie. Que puede matar o torturar a civiles y convertir el
dolor de familias en expedientes archivados. Que en este sexenio goza de un
poder ilimitado. ¡Vamos, ni con Felipe Calderón llegó a estar tan empoderado!
Todo el
dinero del aeropuerto de Santa Lucía irá directo a las arcas de los militares.
A ver quién los frena. Porque los presidentes duran seis años, mientras el
Ejército permanece y no pocos ciudadanos los han sufrido.
Ojalá AMLO sepa lo que está haciendo.
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