Salvador
Camarena.
Hay unos que
quieren hacer la canción más bonita del mundo. Hay otros que, en cambio,
quieren hacer la declaración patrimonial y de interés más cortita, y opaca, del
ídem. De estos últimos es Jesús Seade Kuri, subsecretario de Estado del
gobierno del cambio para servir a Dios y a sus mercedes. O no.
Jesús Seade
Kuri estaba un día, no hace mucho, de lo más cómodo en su puesto de académico
en una universidad de Hong Kong, cuando México reclamó el humilde concurso de
sus servicios, como diría el Che.
Seade Kuri
fue el bateador emergente de AMLO en un tema al que desde hace décadas le sabe
muy bien: la negociación de acuerdos internacionales de comercio. Por decisión
del intolerante mandatario de EU, el TLCAN estaba moribundo, pero las
negociaciones para lograr un nuevo tratado comercial estaban en zona muerta,
con un equipo negociador (el de Peña Nieto) que había avanzado hasta que la
elección del 1 de julio los dejó sin capital político.
Llegó don
Jesús, enviado del entonces presidente electo Andrés Manuel López Obrador, y
dado que se llevaba de a cuartos con el negociador estadounidense, Robert
Lighthizer, pudo sentarse en la mesa y actuar no sólo de acompañante de las
pláticas, sino que supo mediar entre las partes y dar garantías de que el
entrante gobierno mexicano honraría lo planchado. Incluso se dio el lujo de
negociar directamente que Estados Unidos bajara sus pretensiones en el tema
energético. Al final, en la foto de la Casa Blanca, Seade aparecía junto a
Videgaray y Guajardo: sonrientes todos, los tres amigous y el enemigo de
México.
Tras ese
jonrón, y dado que lleva largo tiempo involucrado con China, en un momento de
la transición se habló de que don Jesús acabaría como embajador en aquel país.
También se mencionó –en radio pasillo– que le harían un puesto especial para
que llevara la agenda de comercio exterior. Al final le tocó la subsecretaría
de Relaciones Exteriores para América del Norte. Nada mal, aunque no sabemos
qué tanto sabe de migración o atención consular este doctor en Economía por Oxford.
Pero a hueso dado, no se le ve el colmillo, ¿o cómo era?
Con el
puesto llegó un pequeño inconveniente. Todos deben declarar sus bienes y
potenciales conflictos de interés, dice la ley, y todos deben transparentar
todito, dijo el presidente López Obrador. El que no, se va, ha llegado a
declarar, dedo en ristre, el que despacha en Palacio Nacional.
Quién sabe
qué parte de ese reiterado discurso de transparencia no haya querido escuchar
don Jesús Seade Kuri, quien en Declaranet puso la que podría ser candidata al
premio de la declaración patrimonial más cortita del nuevo gobierno.
En los
hechos, don Jesús manda decir a los mexicanos que si quieren saber con cuánto
entró a su nueva chamba, pues que mucho gusto, pero que él no va a ser tan
ingenuo como Olga o Jiménez Espriú, que por andar de declarones la prensa ya
les enmendó las cuentas. Nada-nada, tan fácil que es simplemente apretar el
botón de la declaración patrimonial que clarito dice: “El servidor no aceptó
hacer públicos sus datos patrimoniales”. Tan a gusto que se puede estar
contestando, cuando el sistema de declaración le pregunta al funcionario sobre
la declaración de posible conflicto de interés: “No estoy de acuerdo en hacer
público mi posible conflicto de interés”. Y háganle como quieran los que
creyeron en el cambio. Me cae que yo no sé por qué Peña Nieto no lo contrató,
estaba que ni pintado para el sexenio anterior.
Así que de
don Jesús, los ciudadanos desconocen si llegó a la chamba pública con coche,
casa, depa, menaje, rancho, deudas, terrenos, tarjetas, inversiones… Salvo su
título de doctor y tres puestos de experiencia laboral, nada está
transparentado por el subsecretario. Mejor hubiera enviado un tuit.
El discurso
de la transparencia de Andrés Manuel López Obrador ha sufrido ya un par de
buenas abolladuras. Cero y van dos secretarios de Estado balconeados por sus
omisiones inmobiliarias en Texas. El gobierno que ofreció fijar un nuevo
estándar de honestidad y medianía, que prometió distinguirse de sus antecesores
en su rendición de cuentas, trastabilla a la hora de una simple declaración de
bienes. Las resistencias internas pueden dañar más al presidente que todas las
críticas de una oposición desacreditada.
Por eso es
relevante la cerrazón mostrada por el subsecretario en tan básico trámite.
¿O será que
Seade Kuri nos salió tan buen negociador que pactó para sí mismo una dispensa
pejista? De ser así, ¿qué le habrá ofrecido a AMLO a cambio de gozar del
privilegio de la opacidad en un gabinete que ofreció 3de3 copeteadas? Dicho de
otra forma, ¿pues qué conflictos de interés tendrá alguien que consigna en su
declaración que en los doce últimos años ha sido sólo un académico? Un caso
para la mañanera.
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