Javier Risco.
¿Cuántas
veces han escuchado desde el 1 de julio –ya no digamos desde campaña–, que el
presidente Andrés Manuel López Obrador ha prometido que ya la corrupción en
México se terminó? Lo sé… también yo perdí la cuenta ya. Con 74 días en el
poder y las muchas promesas y planes que ha emprendido, ¿qué tanto ha cumplido
el principal objetivo de su gobierno?
En el
discurso, el presidente que ha sabido dominar la agenda pública y tiene a todos
reaccionando a sus declaraciones, se ha cansado de repetir que sólo por haber
llegado a Palacio Nacional la corrupción se terminó, ‘que no son como los de
antes’, que el periodo neoliberal se terminó y que el buen ejemplo basta para
sacudirnos uno de los mayores males del país.
Andrés
Manuel, news: el conflicto de interés también es corrupción.
Y si algo ha
estado constantemente en cuestionamiento con la 4ta transformación son los
roces nada delicados que ha habido entre todos aquellos cercanos a él, que se
han visto favorecidos con nombramientos, o la simulación de una postulación que
debe ser avalada por un Congreso más pintado de Morena que la propia familia
presidencial.
Acá dos
ejemplos de cómo la necedad de disfrazar de buena voluntad la imposición de
personajes, que independientemente de su probada eficiencia o no, han manchado
el inicio de un sexenio que promete dejar la corrupción atrás.
1. Yasmín
Esquivel y su nominación como próxima ministra de la Suprema Corte de Justicia
de la Nación.
Desde que se
dio a conocer la segunda terna para reemplazar a uno de los 11 miembros del
Máximo Tribunal de Justicia, se cuestionó que una de las tres candidatas fuera
precisamente la esposa de José María Riobóo, un constructor que lleva 18 años
de cercanía con López Obrador. En defensa el argumento era: ‘ella tiene mucha
experiencia como presidenta del Tribunal Contencioso’; ‘es machista quien la
juzga por la persona con quien está casada’; ‘tiene méritos propios’.
Pero no se
trata de juzgarla por estar casada con el constructor al que se le otorgaron
millones de pesos en contratos por el segundo piso cuando Andrés Manuel
gobernaba la CDMX, aunque eso ya dice mucho, sino por la forma en que desde los
puestos que hoy tanto presume como respaldo para llegar a la SCJN, ha
favorecido intereses personales.
Baste pues preguntarles
a los vecinos que, en 2011, se enfrentaron a la imposición de la construcción
de la Supervía Poniente, en la que Riobóo participó, y que interpusieron una
demanda para frenar la construcción, por no haber realizado una consulta
pública previa a la construcción de la autopista, como lo marcaba la Ley del
Medio Ambiente del Distrito Federal.
Una vez como
cabeza del Tribunal Contencioso Administrativo local, Yasmín Esquivel detuvo un
juicio de nulidad para esta construcción y desechó varias quejas sobre la obra,
beneficiando directamente a su cónyuge. Eso no es machismo, es conflicto de
interés.
2. La FEPADE
en manos de José Agustín Ortiz Pinchetti.
Apenas hace
unos días, el fiscal general de la República, Alejandro Gertz Manero, quien en
papel goza de autonomía pero en los hechos es un cercano de la 4ta
transformación, nombró como titular de la Fiscalía Especializada en la Atención
de Delitos Electorales a José Agustín Ortiz Pinchetti.
Este
veterano político se encargará de perseguir los delitos relacionados con los
comicios electorales, como, por ejemplo, la compra de voto que ha sido señalado
por el presidente como uno de los tres delitos que serán catalogados como
graves y que, dado el historial de ‘fraude electoral’ que AMLO carga encima, se
volverá una pieza clave en la definición política de las elecciones locales del
sexenio. Sin ir más lejos… ¿cómo habría beneficiado a Morena haber tenido a
Ortiz Pinchetti de su lado en las pasadas elecciones de Puebla? El 2 de junio,
Miguel Barbosa podría volver a contender por la gubernatura de Puebla, sabiendo
que este fiscal le pinta otro panorama y que podría convertirse en el sexto
gobernador emanado de la 4ta transformación. Ser juez y parte no es asegurar
juego limpio, es conflicto de interés.
Son dos
ejemplos, porque esta página en papel es finita, pero sólo hablar, por dar un
caso más, de lo que implica que Banco Azteca maneje las millones de tarjetas de
los programas sociales, nos daría para otro texto.
Así que
alguien avísele al presidente que si va a empezar a barrer de arriba hacia
abajo, lo primero que debe entender es que el conflicto de interés también es
corrupción.
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