Por Gustavo
De la Rosa.
Después de la tragedia de la
guardería ABC lo menos que pudiera uno suponer es que se cancelaría el contrato
con la empresa propietaria de la estancia, pues así de evidente fue la falta de
supervisión y de cuidados para proteger a los niños que estaban allí; sin necesidad
de obtener una sentencia penal en contra de los directivos de la empresa
propietaria del convenio de guardería participativa con el IMSS, por lo menos
se debió tomar distancia de dicha empresa. Todos lo creímos así, y dimos por
hecho que se debió proceder a la liquidación.
Como
paréntesis antes de empezar mi relato, dejo
claro que, para evitar daños a la privacidad de quienes forman parte de un
juicio, omito la publicación de sus nombres, aunque todo consta en el
expediente respectivo.
Años después de la tragedia, a mi
despacho en Ciudad Juárez acudieron los padres afligidos de un niño que apenas
rebasaba los dos años; el menor presentaba una lesión sufrida en una guardería
participativa, y la empresa propietaria del contrato con el IMSS ofrecía
resistencia para pagar los daños y las curaciones indispensables para la
recuperación del menor.
Ambos padres trabajaban y dejaban el
cuidado del menor a cargo de una guardería participativa del IMSS. Un día de
mala suerte, el niño cayó al correr por los pasillos de la guardería y se
fracturó el fémur; quedó tirado en el suelo, quejándose muy levemente por el
dolor de la fractura, y los empleados de la guardería pasaron junto a él sin
advertir que estaba lesionado. El niño permaneció allí tirado, como si
estuviese caído en el desierto o en medio de la nada, casi una hora, con los
trabajadores del lugar caminando a su alrededor pensando que sólo dormía o
jugaba cuando debió ser atendido instantes después de sufrir la lesión.
En la
práctica profesional de los abogados
recibimos muchos casos impresionantes, y después de 40 años de hacerlo
diariamente nos acostumbramos a escuchar tragedias frente a las cuales los
responsables actúan de manera totalmente fría e insensible, pero este caso me
llamó la atención por la particular resistencia de los administradores locales
de la guardería para asumir su responsabilidad, y un cierto deseo de buscar
negociaciones que implicaran evitar una menor erogación por darse allí un
accidente de tal naturaleza.
Iniciamos la investigación para
llamar a juicio a los superiores de los administradores locales y gran sorpresa
nos llevamos cuando encontramos que se trataba de una empresa nacional que
administraba, con ganancias razonables, guarderías participativas del IMSS en
todo el país y que una de las guarderías que había administrado era la ABC de
Hermosillo.
La administración de guarderías
participativas del IMSS es un negocio, y no viene de una vocación por cuidar
niños. Estábamos en presencia de una compañía que brindaba el servicio, como
Uber o cualquier empresa que venda víveres o cualquier hospital particular, y
que después de la tragedia de la guardería ABC seguía en el negocio y sus
empleados seguían teniendo descuidos que convertían en tragedias. No estamos
hablando de una empresa mercantil que sufrió un accidente en uno de sus centros
de trabajo, sino de una que recibe recursos del IMSS para atender a menores con
derecho legal a recibir todos los cuidados y medidas preventivas necesarias
para garantizar su seguridad.
El niño ya va a kínder y ha sido sometido
a cuatro intervenciones quirúrgicas para recuperar la función en su pierna,
aunque todavía falta una más que demorará hasta que madure un poco más para
dejarle totalmente sanas y crecientes sus estructuras óseas, y así evitar que
la pierna lastimada vaya a quedar más corta que la otra. Esto viene a la
memoria ahora que se polemiza el papel y la vía de financiamiento a los padres
de familia que requieren cuidados diarios para sus hijos mientras ambos
trabajan.
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