Por Adela
Navarro Bello.
Si el escenario no cambia, lo que es
poco probable, antes de que cumpla un año en la dirigencia del Partido Acción
Nacional, Marko Cortés Mendoza habrá sumado dos importantes derrotas a su
historial de descalabros políticos.
No se trata de cualquier pérdida,
sino de dos gubernaturas, la de Baja California y la de Puebla. En la primera
entidad el PAN se ha mantenido durante 30 años, mientras que gobernó la segunda
desde 2011 hasta 2018 cuando falleció en un accidente de helicóptero la
gobernadora Martha Erika Alonso Hidalgo.
De hecho la primera pequeña derrota
de 2019 que sufrió Cortés Mendoza, fue cuando no tuvo la capacidad de
negociación ni la altura política para lograr que el Congreso del estado de
Puebla, votara por un Gobernador interino que proviniera del partido que había
ganado las elecciones, precisamente el PAN.
Efectivamente,
el 21 de enero de este año, después del
cabildeo de la dirigente nacional de Morena, Yeidckol Polevnsky, quien se
impuso a Cortés, el Congreso designó al priista Guillermo Pacheco Pulido,
Gobernador interino del estado de Puebla.
Ese día Cortés habría perdido más.
Una de las prendas que puso en la mesa para negociar la gubernatura interina de
Puebla, fue que su bancada avalará en el Congreso de Baja California la
ampliación del periodo de dos a cinco años para el Gobierno del estado que se
elegirá el 2 de junio de 2019. Pero no le cumplieron.
Otro pequeño descalabro que lo dibuja
en la calidad de dirigente nacional que es, sucedió apenas el fin de semana
pasado en Mexicali, Baja California.
Mientras los representantes de
Morena, tanto su líder nacional como quien será el candidato a Gobernador en
Baja California, Jaime Bonilla Valdez, entraron en negociaciones con diputados
locales para ampliar el término del próximo Gobierno a cinco años (Bonilla no
quiere ser Gobernador de dos años, y sí, ya se siente Gobernador). Morena
presumía el viernes 8 de marzo contar con 19 de los 17 votos requeridos para
hacer una reforma constitucional, sumando por supuesto los votos azules. Marko
Cortés hubo de hacer un viaje de emergencia hasta la capital bajacaliforniana
para, antes de la sesión del Congreso donde pensaban dar el madruguete,
platicar con sus legisladores y conminarlos a votar contra la medida.
A las 8 de la mañana citó a sus trece
diputados el dirigente nacional. Sólo acudieron cuatro.
El desaire a Marko Cortés tenía de
fondo el interés político ya comprometido a Morena para votarle a favor la
reforma constitucional y ampliar a cinco años la gubernatura. No recuerdo que
dirigente nacional del PAN alguno fuese tratado de esa manera por sus diputados
en una entidad federativa. De ahí que la acción de menospreciar el llamado del
“líder” albiazul, lo dibuje en la dimensión política en la que se encuentra.
Para los diputados panistas imperó
más la negociación con Morena, que mantener la congruencia política de su
partido, que ante la decisión del Tribunal Estatal Electoral de ampliar el
periodo a cinco años, impugnó la resolución.
Es decir, Marko Cortés no tiene influencia ni en los
panistas. Mucho menos en los electores.
En Puebla, el PAN se decidió por quien ya había
intentado obtener la candidatura al Gobierno pero por la vía independiente, lo
cual –no está por demás escribirlo- ha dividido a los panistas, especialmente a
los morenavallistas. Se trata del ex Rector de la Universidad de las Américas
en Puebla, Enrique Cárdenas. Mientras en Baja California el albiazul se
decantó, por default, por Óscar Vega Marín, luego que ningún líder ciudadano le
aceptó encabezar la candidatura a suceder a Francisco Vega de Lamadrid,
precisamente por los malos manejos del Gobierno de este último, así como por
sus presumidos actos de corrupción, desvíos de recursos e incremento de la
deuda pública.
Mientras en Morena, donde sienten que
llevan todas las de ganar, particularmente porque se asientan en el 80 por
ciento de aceptación popular que aun ostenta el Presidente de la República,
Andrés Manuel López Obrador, se irán por los candidatos “naturales”, los
cuatachos del ejecutivo nacional, Miguel Barbosa y Jaime Bonilla, para Puebla y
Baja California, respectivamente.
Marko Cortés
no ha logrado unir lo que la ambición de
Ricardo Anaya desunió cuando pasó por encima de muchos para hacerse de la
candidatura a la Presidencia de la República, como tampoco ha tenido la
capacidad y la altura de miras para establecer una estrategia ideológica y
hacer frente a la ola morenista que, evidentemente, no ha perdido impulso desde
el 1 de julio de 2018 cuando AMLO ganó la Presidencia de la República.
Una encuesta
del periódico El Universal levantada y publicada en febrero de 2019, destaca que en Puebla, aun sin candidato,
Morena cuenta con el 44 por ciento de la intención del voto en la contienda
estatal, contra un 14 por ciento del PAN y un 8 por ciento del PRI. Mientras
que un estudio de Mitofsky sobre Baja California, da cuenta que Morena arranca
con el 53 por ciento de las preferencias para la elección del 2 de junio, el
PAN con 14 por ciento y el PRI con un 11 por ciento.
Por eso, si el escenario no cambia, si los mismos
panistas siguen desairando a su líder y traicionando su ideología al tiempo que
ponderan intereses externos y un futuro pacto de impunidad, Marko Cortés tendrá
a mitad de este año, sus dos importantes derrotas. Dos gobiernos que el PAN
tuvo y dejó ir.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.